Adiós a los tatuajes

El nombre de aquel novio que luego fue marido y ahora no es nada pero ha quedado enmarcado en un corazón para la posteridad epidérmica. El delfín o el personaje de la Warner Bros que pronto quedó desfasado ante los brazaletes de espinas, los tribales de trazo gordo, los de trazo fino, las letras chinas, árabes, los figurativos con motivos florales y ahora las frases. El adorno en el hombro musculado o en el abdomen liso que ahora luce en una superficie sin tono muscular… Muchos son los tatuajes que por diversos motivos sus dueños están deseando que desaparezcan, aunque en otras ocasiones el ansia por su eliminación no reside en la ‘idoneidad’ del mismo sino en la situación laboral del que lo luce. Virtudes Fernández Navarro, de Másqsalud, fue de las pioneras en Granada borrando estos dibujos repartidos en todas las partes del cuerpo y con extensiones de lo más variadas. “Algunas personas llegan nada más hacerse el tatuaje porque no les gusta como le queda. Hay que ir a un sitio de confianza con un tatuador con experiencia”, advierte la esteticista. Pero si bien eliminar las huellas de un pasado más o menos pirata no es imposible hoy en día, tampoco es decir y hacer. Hay algunos colores que no salen bien y que es más caro quitarlo que hacerlo. La primera causa por la que llegan muchos clientes hasta su centro de estética situado en la calle Alhamar para eliminarse tatuajes son las oposiciones a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. “Vienen muchos opositores a la Guardia Civil, el Ejército y Policía Local o Nacional que quieren quitárselos de las zonas que no cubre una bermuda y una camiseta de manga corta. Pero ahora cada vez llegan más trabajadores de todo tipo. Por ejemplo, tengo una cajera de supermercado que viene porque se lo ha pedido su jefe”, explica Fernández, quien añade que en otras ocasiones es la actual pareja la que pide que se elimine esa huella amorosa y cutánea. La media de sesiones necesarias para quitar los tatuajes profesionales oscila entre las 3 y 10, y espaciadas en periodos de dos meses. El número depende de la cantidad y el tipo de tinta que han sido utilizados y la profundidad a la que se ha introducido la tinta en la piel, pero la media, para Fernández, es de seis meses a dos años. “Salen peor en zonas como los pies y mejor en las que no da el sol, como la cara interna de las extremidades, ingles o cuello”, aclara sobre los que se eliminan con más facilidad. En cuanto a los colores, los oscuros como el negro, la tinta roja y el marrón se borran mejor. Las tintas verdosas, como las turquesas, y las amarillas son las más difíciles de quitar. “Yo advierto de antemano que los amarillos y blancos no se van”, señala, aunque en la mayor parte de los casos se logra una eliminación del tatuaje. En cuanto a la técnica, en Másqsalud se utiliza el láser Q-Switched emite la luz en disparos muy cortos llamados pulsos. Como puede resultar un poco molesto, Virtudes Fernández a veces adormece la zona con hielo. Las partes del cuerpo que resultan más dolorosas son los pies y las muñecas, las mismas en las que se sufre más al hacerlos. Una de las recomendaciones de los médicos es no tomar el sol antes, ni durante, ni después del tratamiento para propiciar una mayor efectividad del láser y evitar la posibilidad de efectos indeseados por culpa de la piel bronceada. La esteticista aconseja cubrirlo durante una semana con un apósito y después es beneficioso tratar la superficie con una crema de rosa de mosqueta o aloe vera. Y, en cuanto al precio, depende mucho de la extensión del tatuaje. Por ejemplo, para una superficie de 5 centímetros cuadrados, el precio por sesión es de 30 euros, aunque los que son grandes, como todo un hombro, pueden llegar a costar como 200 o 300 euros por sesión. “Eliminar el tatuaje de un brazo entero, por ejemplo, puede costar hasta 3.000 euros”, comenta.

Por lo menos, a pesar del tiempo, el dinero y el dolor, Virtudes Fernández asegura que desaparecen sin dejar cicatrices. “Siempre ha habido técnicas pero antes eran muy agresivas y dejaban marcas hasta que llegó el láser. Hace no mucho tiempo la gente ni sabía que se podía quitar”, recuerda para alivio de sus portadores o sus parejas.

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